El mercado y sus tendencias obligan a la pyme a considerar la competitividad como un elemento clave del negocio para el desarrollo, crecimiento y sustentabilidad del mismo. La competitividad es la capacidad que tiene una empresa o negocio para competir, es la búsqueda de rentabilidad frente a sus competidores.

La pyme debe ajustar constantemente su propuesta de valor y agilizar la velocidad del cambio para enfrentar rápidamente las tendencias del mercado y sobrevivir en un entorno cada vez más competitivo. Si bien la competitividad debe ser integrada a la estrategia de la pyme y buscada constantemente por medio de diferentes esfuerzos que mejoren la posición competitiva en un negocio a largo plazo, existen algunos acercamientos que permiten  a corto plazo mejorar la posición competitiva de un negocio.

En esta línea la flexibilidad característica de las pequeñas y medianas empresas, sumada a la concentración del poder de decisión frente a nuevas iniciativas suponen una ventaja evidente para desarrollar planes que apunten a optimizar los procesos, mejorar la comunicación interna y externa, analizar la cadena de suministro y eliminar actividades que no produzcan valor para la compañía, evaluar la adquisición de maquinara más competitiva, entre muchas otras acciones puntuales que tienen un alto impacto en los ahorros y ganancias en la productividad de una empresa. Mejorar la productividad impacta directamente en la competitividad y entrega mejores márgenes a las compañías.

La competitividad es una acción constante característica de cualquier negocio que logra sobrevivir en el largo plazo y está compuesta de múltiples acciones puntuales que apuntan a su mejora. Así, la pyme que busca mejorar su posición en un mercado, debe buscar ser más competitiva.

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