La estrategia de una empresa puede a veces ser muy difícil de llevar desde ‘el papel’ a la práctica. Muchas veces se queda solo en frases pomposas o palabras bien redactadas, sin lograr implementarse con éxito en el día a día de una organización.

El Balanced Scorecard (BSC), o Cuadro de Mando Integral (CMI), en español, es una herramienta de control de gestión que apunta precisamente en esta dirección y ayuda a solucionar este problema desde la base y con una mirada transversal, que aúna criterios y toca los puntos críticos de la gestión de la empresa, definiendo objetivos clave,indicadores de rendimiento y metas para cuatro áreas fundamentales del negocio (Perspectiva financiera, de clientes, de procesos internos y de aprendizaje y desarrollo)

A continuación se presentan los principales beneficios de diseñar e implementar un Cuadro de Mando Integral y cómo este permite llevar la estrategia del diseño a la práctica.

Alinear a los colaboradores con los objetivos de la empresa: el CMI permite alinear el trabajo de cada área y cada trabajador de la empresa con los objetivos de la compañía. Junto con el BSC se elabora un mapa estratégico, que gráfica de manera muy clara cómo se relacionan entre sí los objetivos de cada área, y cómo a su vez estos forman parte de la manera en que la empresa logra sus propios objetivos. Adicionalmente se pueden alinear los planes de incentivos con las metas de cada área.

Comunicación de objetivos, metas y resultados: Los objetivos de cada área tienen asociado un indicador de rendimiento, es decir, una medida objetiva, y a su vez una meta asociada. Esto permite que cada área o subárea de la empresa sepa exactamente qué se espera de su trabajo y conocer el grado de cumplimiento de las metas de su trabajo, así como los planes de acción concretos que se deben implementar para alcanzar dicha meta. Los resultados mensuales se comparten con toda la organización y se discute en conjunto la manera de seguir mejorando.

Aterrizar la estrategia: Una vez identificada la estrategia, se definen los objetivos de la empresa en cada una de las cuatro perspectivas (Financiera, procesos, clientes y aprendizaje). A cada objetivo a su vez se le asocia un indicador de rendimiento y se define la forma en que este será medido. Conocido el indicador, se define su meta y un plan de acción para alcanzar dicha meta. Si las áreas alcanzan sus metas y cumplen sus objetivos , entonces permitirán que el resto de las áreas cumplan también sus objetivos, logrando sinergias y que toda la organización ‘reme para el mismo lado’, es decir, que todas las áreas tengan acciones concretas que permitan a la empresa como conjunto alcanzar sus objetivos.

Análisis de resultados: Al tener medidas objetivas (indicadores) del rendimiento de la empresa, se puede identificar claramente dónde se encuentran las falencias o debilidades, permitiendo generar acciones correctivas con la finalidad de mejorar un rendimiento en específico. Así, la gerencia tiene visibilidad completa del rendimiento de cada área o departamento, quedando claros los puntos fuertes y aquellos donde se deben poner los esfuerzos de mejora

Visibilidad de la plana gerencial: El CMI permite que la Gerencia se dedique a gerenciar en vez de a apagar incendios y manejar contingencias. El BSC muestra un ‘panel de control’ que diagnostica el rendimiento de cada área según el cumplimiento de sus metas. De esta manera, la gerencia puede ver de manera clara y específica el rendimiento de toda la organización, ver dónde están las falencias y de esta manera subsanarlas rápidamente. Además, los departamentos al saber qué se espera de ellos, pueden hacer mejor su trabajo y concentrarse en lo más crucial.

Como se puede apreciar, diseñar e implementar un Balanced Scorecard es una solución aterrizada y concreta para mejorar la gestión y rendimiento de las empresas. Lleva la estrategia al día a día y la integra con cada área y departamento de la organización, con indicadores objetivos de rendimiento, permitiendo alinear a toda la empresa con el cumplimiento de los objetivos de cada área y de la organización como un todo. Permite detectar falencias y generar acciones correctivas para mejorar el desempeño de manera sostenida en el tiempo.

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